Ángela Drei

Cuando acabe el invierno

«Marie sintió que su corazón bombeaba con tanta fuerza que notó cómo se sonrojaba. Él se acercó muy despacio, intuía que, si cometía algún error, si era demasiado brusco, ella echaría a correr y nunca volvería a verla. Miró sus labios, temblaban de forma casi imperceptible, se inclinó y la besó. En ese instante todo saltó por los aires. Ella le devolvió el beso y eso fue todo lo que Álex necesitó para lanzarse al vacío, porque era así como se sentía, como si estuviera saltando de un precipicio. Los labios de ella sabían a canela y azúcar, los lamió y mordisqueó mientras sus manos rodeaban su pequeña cintura. Parecía tan ligera como una nube de algodón de azúcar, pero le hacía arder como una manzana de caramelo caliente.»

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