Francisco Javier Rodillo Cordero

Los robles del atardecer

Una información confidencial llega hasta un reducido grupo de relevantes personas en Santiago de Compostela. Y desencadena la búsqueda, y confirmación, de unos datos en principio muy difusos pero que pueden resultar funestos para ellos si no actúan con decisión. Una de estas personas es enviada a Israel, en un periplo pretendidamente secreto cuyas vicisitudes, lenta pero de forma implacable, van enredando a instituciones y personajes en una formidable telaraña de apetitos e intereses. Las viejas pasiones del hombre, la ambición, el odio, la envidia o el deseo, se confunden en el torbellino levantado por la indagación de una verdad que, a la postre, muestra la cara que cada uno quiere ver. Como dice uno de los personajes “…lo que late en la mente o en el corazón de quienes inician un camino, es la convicción de que el viaje será mejor cuanto más alejado, más placentero cuanto más fuera de lo cotidiano. Quizá sea la misma razón que empujó a tantos en busca del país del Vellocino de Oro, el imposible Jardín de las Hespérides o el todavía no enterrado sueño de El Dorado. Quizá buscan sólo la utopía de llegar a una tierra remota y por ello maravillosa. Lo demás, sea un vellocino de oro, un jardín de las delicias, la tierra que mana leche y miel, o los huesos de un santo, son excusas que necesitamos para ponernos en marcha, justificaciones ante los demás”

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