Daniel Argila

Como las manos de un niño

Ana Abrera recobra el conocimiento y se da cuenta de la situación en la que se encuentra. Está desnuda, con un trapo que le tapa la visión, amordazada y atada a una mesa o camilla. La han secuestrado. Escucha el sonido de un coche, por encima de su cabeza, los pasos de una persona que se mueve por la casa y que bajan unas escaleras. Nota al secuestrador a su lado. La toca con delicadeza, pasándole suavemente la mano por el pelo, los brazos, el pecho… Está aterrorizada. 

El veterano sargento Alex Doras se encarga, junto a su compañero Ricardo Sánchez, de investigar el posible caso. El suceso puede estar relacionado con la desaparición de otra chica, Marta Bordas, cuatro años atrás, de la misma edad y mismas características. Empiezan rastreando el círculo de conocidos de Ana y averiguan que las dos, Marta y ella, eran compañeras de estudios en la misma academia de publicidad, y que los novios de ambas, Sergi Llosa y Joan Folch, también estudiaron en el mismo lugar. Se conocían los cuatro. A partir de aquí, se centran en investigar a todos los ex-alumnos. El culpable parece ser uno de ellos. 

El secuestrador, fruto de una personalidad conflictiva, tiene constantes cambios de humor. Arrastra desde siempre los traumas del pasado. Mientras está con sus compañeros de oficina piensa en la chica que mantiene encerrada en el sótano, en su piel y su olor, en las caricias y la satisfacción que le proporciona su compañía. Recuerda los episodios de su niñez, el trato que recibió de sus padres y su familia, el secuestro de la primera chica y como lo solucionaron…

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