Sandra Broa

No se si tirarme al tren… O al maquinista

Francamente, no entiendo a Bridget Jones. Los treinta años son una edad fantástica: tienes el culo más caído, vale, pero también tienes más claro lo que quieres, tienes más seguridad en ti misma, más independencia económica… y además eres una soltera de amplio espectro: ¡puedes ligar con hombres de prácticamente todas las edades! Lo cual es una ventaja muy interesante a tener en cuenta si, a punto de cumplir los treinta, te acabas de quedar soltera después de una relación de más de siete años… como me pasó a mi.

Se me pasa el arroz pero no el conejo

Cuando, hace dos años, Sandra volvió a la soltería, pensaba que afrontaría esta nueva etapa con madurez y tranquilidad, pero no tardó mucho en darse cuenta de que, en cuestión de amores, se siguen haciendo las mismas tonterías con treinta años que con quince. A pesar de que todo el mundo diga que los hombres son muy simples, Sandra y sus amigas tienen la sensación de que se van encontrando a los chicos más complicados y más raros del mundo, tanto en el terreno sentimental como en el sexual. Porque, aunque en las novelas y en el cine, todo es bonito y poético cuando los protagonistas mantienen relaciones, en la vida real te lo pasas mejor contándoles a tus amigas el desastre de polvo que has echado el día antes, que el rato que has estado a ello.

¿No encontraste el libro que buscabas? ¡ESCRÍBENOS!

Deja un comentario